Inmobiliarias: breve guía para defenderse un poquito de ellas

Hace ya casi un año empecé a trabajar en una empresa que se dedica a prestar servicios a empleados de multinacionales que han sido reasignados a España, Francia y Portugal. Uno de esos servicios es la búsqueda de vivienda: hacer una selección de propiedades que cumplan con sus criterios y necesidades, acompañarlos a las visitas, gestionar los pagos iniciales, leernos el contrato con lupa e intentar mejorar las condiciones. Obviamente me faltan años en tarima para convertirme en una experta en contratos de alquiler, pero algo he aprendido y me gustaría compartirlo por este medio para que menos gente termine pisoteada por una agencia inmobiliaria. Me centraré en el mercado de Barcelona porque es mi área de trabajo, no sé a ciencia cierta cómo funciona en otras partes de España y en otros países.

Por supuesto que hay inmobiliarias legítimas que se toman en serio su negocio, pero hay muchas (la mayoría, diría yo) que no son más que perros pillando huesos en el aire. En Barcelona, las inmobiliarias se reproducen como conejos en primavera, de hecho, la inmensa mayoría de propiedades están en manos de agencias, es muy difícil encontrar a un particular negociando directamente en los portales. ¿Por qué? Muy fácil:

Mr. Burnsa) A diferencia de otros países, en España la inmobiliaria la paga el inquilino, no el propietario (quien debería pagar porque es el que está pidiendo el servicio). A los propietarios no les tiembla el pulso y dejan su apartamento o casa en manos de una agencia porque no representa ningún gasto para ellos.

b) Es dinero fácil: pongo un anuncio en un portal inmobiliario, muestro la propiedad un par de veces (porque en Barcelona los pisos vuelan como los zapatos en el Black Friday), cobro un mes de alquiler o 10 % de la anualidad y sigo con el siguiente piso.

Yo me peleo con las inmobiliarias todos los días (no con todas, hay algunos muy buena gente y trabajadores) así que mi experiencia podría resultarle útil a quien esté buscando piso. A continuación una serie de datos:

  • El que paga los honorarios de agencia es el inquilino. Si estás alquilando una propiedad, exígele al agente inmobiliario que trabaje para ti, que negocie a tu favor, que te explique correctamente las condiciones. Termina de creerte que quien le está dando de comer eres tú.
  • Antes de ir a visitar la propiedad pregunta las condiciones y apúntalas. Reconfirma las condiciones el día de la visita. Que no te saquen nuevas condiciones de debajo de la manga el día de la firma.
  • Llama antes de ir a la visita para confirmar. Es posible que ya esté alquilado, que el agente se olvide, que llegue tarde, que no se lo hayan apuntado en al agenda, etc.
  • Pídele que te mande el contrato unos días antes de firmar. Es posible que te digan que no, que siempre lo leen ahí mismo. Dile que te da igual cómo es siempre, que quieres saber lo que estás firmando.
  • Que no te de miedo negociar. Si crees que el precio, la fianza, la carencia, etc. podrían mejorarse, pídelo. Recuerda que la inmobiliaria la pagas tú y que ellos tienen el deber de comunicarle tus inquietudes y peticiones al propietario.
  • Aunque hay agencias que hacen lo que les da la gana y piden condiciones abusivas, existe una Ley Orgánica de Arrendamientos Urbanos (LAU) que recomienda lo siguiente:
    • Los contratos deben ser por un periodo de un año, extensible a tres años. El periodo de obligatorio cumplimiento debería ser de seis meses tanto para el propietario como para el inquilino. Hay agencias que piden cinco años de obligatorio cumplimiento; a esas hay que colgarles el teléfono de inmediato porque no se enteran de que ir abusando por la vida no está bien.
    • Normalmente se piden uno o dos meses de fianza para propiedades sin amueblar, y dos o tres para las amuebladas. Los señores que piden avales o fianzas de seis meses (como el señor ene-ene) tampoco saben que la avaricia es mala. Si ellos no confían en ti, no tienes por qué confiar en ellos.
    • El contrato tiene que especificar en cuánto tiempo se devolverá la fianza una vez entregadas las llaves. Normalmente es un plazo de 30 días.
    • Asegúrate de que el contrato refleje cuánto tiempo tienes para informar sobre los desperfectos para que el propietario los arregle. Normalmente deberían ser 30 días. A los que ponen “una semana” les puedes decir que tienes otras obligaciones en tu vida aparte de probar la calefacción, los grifos, las persianas, etc.
    • Si el propietario promete alguna mejora o reparación, exígele a la agencia que se implique, que siga el proceso, que para eso le pagas.
    • Así como exiges, da. No destroces la casa: si rompes algo, repáralo. Si ensucias la pared, píntala. Deja las cosas como te las encontraste para que te devuelvan la fianza y para no ser el cerdo que dejó la casa destruida.

Ahora parecerá que soy una superdura y que voy partiendo piernas por ahí, pero la verdad es que me corto bastante, ahora no tanto porque tengo que defender los intereses de mis clientes, pero sé que a veces cuesta ser fuerte, exigir y defenderse. Lo importante es recordar que es un trato entre dos partes, que tanto el propietario como el inquilino tienen deberes y derechos, y que todo se puede hablar. No siempre obtenemos mejoras en las negociaciones, pero no cuesta nada intentarlo. Por otro lado, si todos dejáramos de aceptar condiciones abusivas como los contratos de cinco años y los seis meses de fianza, las agencias dejarían de pedirlas, así que en parte todos tenemos un poquito de culpa.

masa-enfurecida

El cierre del videoclub

En julio del año pasado entrevisté a Arnau Valls, el que era en ese momento el encargado del videoclub del que soy socia (Séptimo Arte). La semana pasada me enteré de que es muy posible que el videoclub cierre sus puertas porque desde hace un tiempo ya no es un negocio rentable, de hecho, más bien está representando pérdidas para su dueña.

Creo que el cierre del videoclub no sólo es una mala noticia para los socios (porque allí podemos encontrar verdaderas joyas; tienen una selección de películas exquisita), sino que es una pérdida para el barrio de Gracia y para la ciudad, en general.

Lo que me enamoró de Barcelona, y creo que no sólo a mí, era (y es) su personalidad, sus rincones únicos y originales, esos sitios mágicos llenos de sorpresas y de cosas especiales. Séptimo Arte es un ejemplo claro de esa personalidad barcelonesa de la que hablo, ¿pero qué pasará si cierra?

Tal vez suene un poco exagerado, pero la caída de establecimientos como este es uno de esos granitos de arena que le van borrando el carácter a Barcelona. El caso del videoclub es un ejemplo que vivo de cerca, pero de vez en cuando me voy enterando de que establecimientos míticos de Barcelona están cerrando sus puertas porque ya no pueden pagar el alquiler, porque ya no son rentables, porque ya no suscitan interés…

Hace dos días fui a buscar un par de películas y estuve hablando con la dueña; me dijo que gran parte de la culpa recae en las descargas ilegales. ¿No nos damos cuenta de que ya casi no quedan videoclubs o tiendas de discos? Yo también lo he hecho, creo que muchos de nosotros lo hemos hecho, pero seamos conscientes de que a este paso seremos nosotros los responsables de la muerte de la música y del cine. Nosotros estamos haciendo que sean insostenibles.

Peces grandes
La tienda de Mac* de Plaza Cataluña es espectacular, ¿no? Blanca, enorme, elegante… Tan llena de gente que resulta imposible entrar. ¿Nos gastamos un dineral en una computadora hecha a base de explotar países del tercer mundo y a base de irrespetar el medio ambiente y después la usamos para hacer descargas gratis? ¿De qué sirve tener una tienda Mac tan blanquita y minimalista si estamos perdiendo los establecimientos que realmente le dan vida a la ciudad?

Los centros comerciales, los grandes almacenes y las franquicias son útiles y más de una vez nos sacan de apuros, pero nunca olvidemos que los pequeños negocios son los que nos dan vida, reflejan lo que somos. No los dejemos morir, no muramos con ellos.

*Digo Mac por dar un ejemplo, pude haber nombrado a cualquier otro gigante de esos que están invadiendo las ciudades.

Mónica Puebla al ritmo del tap

De pequeña me metieron en tantas actividades extraescolares que he perdido la cuenta. Algunas no me gustaban nada, lo más desagradable fue haber pasado por la Escuela de Equitación del Ejército de Venezuela (ahí empezó mi desprecio por los militares); pero también estudié cosas muy divertidas y que me han abierto puertas, una de ellas es el tap (o claqué). Empecé con el tap cuando tenía dos años, supongo que aprendí a bailar y a caminar casi al mismo tiempo. Dejé de bailar a los 16 años, pero hace unos meses decidí retomarlo y, de hecho, este sábado empezaré a dar clases para principiantes.

Hoy les presentaré a Mónica Puebla, mi amiga y profe de coreografías. Sin más preámbulos, los dejo con la protagonista del día.

Mónica Puebla“Me llamo Mónica Puebla, nací en Madrid el 28 de septiembre de 1985. He estudiado Filosofía, aunque lo cierto es que desde pequeña quería estudiar teatro. Durante mi niñez y adolescencia estuve en varios grupos de teatro, y cuando terminé el Bachillerato me presenté a las pruebas para entra en la Real Academia Superior de Arte Dramático de Madrid. Sin embargo, éramos muchos aspirantes y me quedé fuera, así que decidí empezar Filosofía, una carrera por la que sentía mucha curiosidad, y estudié teatro a la vez en una escuela privada. Desde el primer año de carrera me apasioné por la filosofía, que le fue robando protagonismo al teatro. Sin embargo, en la escuela de teatro descubrí el claqué, gracias a un monográfico que realizamos, y me gustó tanto que busqué clases exclusivas de este baile.

Poco a poco fui dedicándole más tiempo al claqué, y compaginado mis estudios de filosofía con el baile. De manera más casual que deliberada, empecé a dar clases de claqué hace unos seis años, y poco a poco fui ampliando el número de alumnos y mi pasión por enseñar claqué. Más o menos en la misma época un compañero de la facultad, que sabía cuánto disfrutaba bailando, me llevó a una fiesta de swing y así me introduje en el mundo del Lindy Hop, que apenas empezaba a crecer en Madrid. Ahora mismo, y aunque el claqué me mueve más emocionalmente, no podría imaginarme sin bailar una de las dos disciplinas.”

De tres en tres

Tres verbos: Bailar. Razonar. Enseñar.

Tres personajes: Gregory Hines. Marcel Duchamp. Michel Foucault.

Tres momentos: El viaje a Nueva York sola en 2010. Mudanza de Madrid a Barcelona en 2011. El primer festival de claqué al que fui: el Stockholm Tap Festival 2010.

¿Cómo y porqué empezaste a bailar tap?

La primera vez que bailé tap fue en una clase de expresión corporal en la escuela de teatro. La idea de hacer música a la vez que bailaba me gustó muchísimo. A raíz de ello, mis padres me enseñaron unas cuantas películas clásicas de tap y, aunque actualmente no es el estilo con el que me identifico, en ese momento quedé absolutamente sorprendida con Fred Astaire y me enganché a sus películas y bailes.

Por todo ello, hice un intensivo de verano en una escuela de baile, y durante toda la semana no pude quitarme los ritmos de la cabeza. Así, decidí apuntarme a clases regulares y cada año fui aumentando el número de horas que le dedicaba a este gran baile.

¿Consideras que el tap te ha dado oportunidades que de otra manera no habrías tenido?

Sí, y a muchos niveles. Actualmente, la oportunidad más clara que me ha dado el tap ha sido a nivel laboral. Siempre digo que tengo la suerte de llevar muchos años bailando tap, como para poder ganarme la vida con ello. Además, es un trabajo del que disfruto muchísimo, gracias al cual conozco a mucha gente diferente y con el que aprendo muchísimas cosas.

Por otro lado, creo que si no bailara tap no habría viajado tanto. En los últimos años he realizado muchos viajes, sobre todo por Europa, para poder tomar clase con los mejores bailarines del mundo. Y aunque cuando una va a otra ciudad a participar en un workshop o festival no le da tiempo a hacer mucho turismo, me encanta conocer lugares nuevos y formas diferentes de comportamiento y de mirar el mundo. Por supuesto, esto me ha permitido conocer gente de todo el mundo, y la sensación de reencontrarte con las mismas personas, a las que consideras tus amigos, en cada festival, y poder disfrutar unos días con ellos, es de las que más me gustan de la vida.

Por último diría que el tap me ha dado la oportunidad de entender mejor la música y la percusión. Recuerdo que en la escuela de teatro teníamos la asignatura de Música y hacíamos ejercicios de percusión, en la que yo era, sin exagerar, la peor de la clase. No conseguía entender los ritmos y siempre tenía miedo de hacerlo mal y descompasar al grupo. El hecho de interiorizar los ritmos bailando, moviendo el cuerpo, me ha hecho superar todo esto, entender cómo funciona un instrumento de percusión como los zapatos de tap, e incluso producir mis propias piezas.

Si somos capaces de caminar, ¿también somos capaces de bailar?

Creo firmemente que todo el mundo puede aprender a bailar, aunque por supuesto para algunas personas requiere más paciencia y dedicación. Cuando una de clases de baile se da cuenta de que muchos movimientos son bastante naturales, bastante similares a las cosas que hacemos cada día de manera intuitiva, como caminar, cambiar de dirección, mover los brazos, etc. El problema es que al aprender una secuencia el cuerpo se tensa y lo que es fácil y natural le cuesta más y tiene que “reaprenderlo”, por decirlo así. Pero igual que cuando un niño aprende a caminar su cuerpo necesita un tiempo para asimilar cómo mover las piernas, nuestro cuerpo de adultos necesita un tiempo para interiorizar los movimientos nuevos.

¿Conoces algún dato curioso sobre el tap?

Hay muchas anécdotas en el mundo del tap, pero si tuviera que elegir algún dato curioso, contaría algo que mucha gente fuera de este mundillo no sabe, y es que las raíces del tap actual están ligadas completamente al jazz. Todo el mundo conoce a Fred Astaire y Gene Kelly y, sobre todo en España y Europa, siempre que oye hablar de tap piensa en estos dos nombres. Pero hay otra corriente de bailarines que se dedicaban a improvisar en garitos de jazz o hacer bolos con grandes de la música como Duke Ellington o Count Basie. Estamos hablando de Jimmy Slide, Sammy Davis Jr., Sandman Sims, o más recientemente Gregory Hines o Savion Glover. Creo que es muy interesante conocer este dato, y saber que en gran medida el tap que se hace ahora procede de esta corriente más desconocida, aunque también creo que sin Fred Astaire y Gene Kelly prácticamente nadie en Europa sabría qué es el tap.

¿Prefieres hacer coreografías o improvisar?

Depende del momento. Me gusta mucho improvisar cuando estoy con mis amigos y gente con la que me siento cómoda y a gusto. Prácticamente se trata de una conversación, escuchas lo que los otros hacen e intentas interactuar con ello, y se producen cosas muy interesantes tanto a nivel de pasos como a nivel emocional.

Sin embargo, cuando se trata de una actuación, me siento más cómoda interpretando coreografías, porque me siento más segura y creo que el público las entiende mejor que una improvisación. Además, hay coreografías muy buenas, a nivel de baile y de música, y la sensación cuando las interpreto me gusta mucho y me sube la adrenalina.

Aparte de los zapatos, ¿qué se necesita para bailar tap?

Ganas. Ganas de pasarlo bien y de bailar esta disciplina. Creo que todas las cosas en la vida hay que hacerla con pasión, hacerlas porque te mueve el corazoncito y no “porque sí” o “por hacer algo”. Y también se necesita algo de paciencia con uno mismo, porque es un baile individual y requiere pasar momentos sola hasta que el cuerpo y la cabeza asimilan un nuevo paso.

¿Bailamos un poquito?

¡Sí! Hagamos la “Bill Robinson Routine”.

Muchas gracias a Mónica y a David por haberme dedicado unas horas para hacer este video.

Juan DeGonell en su tinta

Hace exactamente un año me animé a hacerme el tatuaje que llevaba años deseando. Por referencias llegué a VOID Tattoo, en el barrio del Raval de Barcelona, y, para mi sorpresa, el tatuador que me atendió era un chico venezolano. Juan DeGonellQuedé muy contenta con su trabajo, puedo dar fe de que es un excelente tatuador y una persona sumamente amable.

“Me llamo Juan DeGonell Vidal, nací en Caracas el 10 de julio de 1978. Desde niño me interesé por el mundo del tatuaje, pero no tuve ni el apoyo ni la oportunidad de meterme de lleno en ello. Hace unos años decidí dejarlo todo de lado y hacer del tatuaje algo más que una profesión, mi forma de vida. La presión social y familiar me llevaron a pasar por varias carreras universitarias que no me hacían feliz. Un buen día me cansé de todo y me compré mi primera máquina sin haber aprendido a tatuar, sí, sin saber tatuar todavía”.

De tres en tres

Tres verbos: Crear, vivir, amar.

Tres personajes: Groucho Marx, Charles Bukowski, Nikola Tesla.

Tres momentos: el 12 de diciembre de 1991, el nacimiento de mi hija, cada vez que vuelvo a casa.

¿Quién fue tu primera víctima? ¿Cómo conseguiste que se dejara tatuar por un novato?

No recuerdo quién fue mi primera víctima (además de mí mismo). Pero en todo caso tuve dos fases o dos comienzos en esto del tattoo, así que sería complicado hablar de una primera vez.

¿El cliente siempre tiene la razón?

Cuando se trata de tattoos, nunca jamás la tiene.

¿A qué edad dejarías que tu hija se hiciera su primer tatuaje?

Sinceramente preferiría que no se tatúe, pero la mayoría de edad llega a los 18 años, y supongo que a partir de entonces tendré que confiar en la educación que le habré dado, en su sentido común, en su criterio y, si aún así decide tatuarse, lo único que podré hacer es aconsejarla sobre qué sitios son los indicados para tatuarse y los que no.

¿De verdad? ¿No preferirías tatuarla tú?

¡No! Ella es perfecta como es ahora.

¿Te han discriminado por llevar todo el cuerpo tatuado?

Sí, muchas veces. En mayor o menor medida suele discriminarse a la gente tatuada; incluso hay “discriminación positiva”, que la llaman. Una vez formado el estereotipo de la persona tatuada, pasas a ser como un afiche.

Pero la experiencia más lamentable fue cuando tuve que renovar mi pasaporte venezolano en la Onidex del centro de Caracas. La persona a cargo me dijo que yo no podía tener un pasaporte venezolano porque “tenía tatuajes visibles y que eso no estaba permitido por las leyes del país”. Yo le pregunté si sabía lo que era un pasaporte, me contestó desafiante: “Si sabes tanto, dímelo tú”. Le expliqué: “Un pasaporte es un documento de identificación personal y, por lo tanto, puede ser más útil un tatuaje visible a la hora de identificar a un ciudadano”. Ella se negó a darme el pasaporte y tuve que hacer un escándalo en el lugar, amenazar con denunciarlos en la ONU y demás barbaridades que se me ocurrieron en el momento. Al final salió un superior y me hizo escribir a mano, junto con una fotocopia de mi cédula de identidad, que en esa oficina el trato había sido excelente, que el sistema bolivariano funcionaba rápido y bien y no sé cuantas burradas más, sin dejar de mencionar que ellos estaban haciendo una excepción conmigo para que yo pudiera disfrutar de la posesión de un pasaporte venezolano. Pues ahí se quedan, ya ni sé dónde lo tengo…

¿Cómo sabes que un cliente quedó satisfecho con tu trabajo?

Cuando vuelven a la tienda, ya sea a saludar o a tatuarse más; o cuando recomiendan mi trabajo a otra gente. Es muy gratificante que entre alguien por la puerta y pregunte por mí, sin que yo lo conozca de nada, y me diga: “Me han recomendado que venga a tatuarme aquí”.

Tijeras creativas: Stella Walker

Otra de las cosas maravillosas que descubrí en Gràcia es la peluquería de Anthony Llobet. Siempre que pasaba por delante decía “cuando me tenga que cortar el pelo vendré aquí”. Me daba la impresión de que sus estilistas tenían que ser personas muy creativas y originales. Un día me animé y la verdad es que no me llevé decepciones.

La estilista que me atendió se llama Stella Walker, una chica inglesa que vive en Barcelona desde hace unos años, y quedé tan contenta con ella que la adopté como mi única peluquera. ¿Lo mejor? Cuando voy a cortarme el pelo aprovecho y practico mi inglés.

STELLA WALKER

“My name is Stella Walker. I was born in Leeds, Northern England, in 1984. I’m a hairdresser. I love playing piano, socialising, partying, tattoos and being creative.”

De tres en tres 

Tres verbos: give, receive and listen.

Tres personajes: Jay, Samantha Jones and Anthony Robbins.

Tres momentos: moving to Barcelona, playing the piano, being with family and frieds.

¿Cuál es tu lugar favorito en Barcelona? ¿Por qué?

There are too many amazing places in Barcelona…I have not got a favourite.
All the barrios have such a different feel to them…The city has something for everyone! The buzzing city centre, then all the beaches… It’s the perfect size city to get around! It’s a beautiful city and feel very lucky to live here!

¿Por qué te fuiste de Inglaterra y por qué viniste a Barcelona?

I always came on holiday here, well for Sonar festival, and the first time I came, I fell in love with the city! I have never really liked the UK even when I was a young girl. I always felt like I was born in the wrong country! I am happy here, and that was my only plan from the beginning. If I am happy, I will stay forever… Just go with the flow!

Si no fueras estilista, ¿a qué te dedicarías?

If I wasn’t a stylist I would have pursued music more than I did. I studied music before I became a stylist! I do teach the piano a little bit as well, which I enjoy!

Si un cliente te pide un corte de pelo terrible, ¿qué haces? ¿Lo complaces?

Well, depends how terrible! Some people have some crazy ideas of what they think look good; all I can do is advice and give my professional opinion, and at the end of the day, I like to do a cut I am proud of! And a ‘Mullet’ is not one!

 ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser estilista?

The best thing about being a stylist is get to be creative, it never really gets boring and especially working in Barcelona you get to meet people from all round the world who come into the salon! The worst thing: probably the demand for some crazy weird hairstyles, and working with the public in general can be challenging at times!

Ibrahim Benítez nos cocina la empanada de la abuela

En el número 7 de la calle Dagueria de Barcelona, podemos darnos el lujo de comer la empanada gallega que Ibrahim Benítez aprendió a hacer con su abuela. El sitio se llama El club de l’empanada, y lo llevan Ibrahim y su hermano Josemi. Además de exquisitas empanadas con diferentes rellenos, podemos satisfacer otros antojos: pimientos de padrón, pulpo da feira, tortilla, lacón… Todo muy casero, en cantidades gallegas y a precios gallegos.

¡Qué agradable fue sentarme en la barra con Ibrahim y compartir un par de cervecitas! No acaparo su historia, juzguen ustedes mismos:

“Nací en Caranza, una pequeña aldea de Ferrol. Era un ocho de junio de 1954, es decir, acabo de cumplir cincuenta y nueve. Vine a Barcelona con mi familia en 1966, y nos instalamos en el mismo edificio en el que vivo todavía, en el corazón del barrio Gótico. Me casé en 1980,  tuve dos hijos: Brais y Sara , y me divorcié el año pasado. Trabajé en IBM durante más de treinta años como director informático. Hace cuatro años, una empresa del sector cosmético me vino a buscar ofreciéndome el oro y el moro. Acepté, pero la cosa fue de mal en peor: me quedé en el paro hace poco más de dos años. Ante un futuro nada halagüeño (edad, crisis…) me reinventé en El club de l’empanada con mi hermano: algo muy diferente a la informática.

Me han pasado muchísimas cosas, pero eso lo dejo para el libro que estoy escribiendo. He escrito varios cuentos para niños y no tan niños, poesía, ensayos y todo aquello que se me ocurre. Durante el paro me dedicaba a escribir cuentos personalizados para niños y biografías para mayores. La pintura es otra de mis pasiones. Todo fue a raíz de terminar la mili, de la que llegué muy cascado con una enfermedad pulmonar que me tuvo casi un año muy jodido. Como tenía que estar en casa sin hacer demasiados esfuerzos, alguien me recomendó pintar, y así hasta hoy.

Trabajamos de 8.00 a 24.00 y, la verdad, cuando llego a casa solo tengo ganas de dormir. Solo llevamos cinco meses, pero cuando logremos levantar el negocio un poco más podremos tener a alguien que nos ayude, y así poder hacer turnos y tener tiempo libre, mientras tanto, trabajo y más trabajo.”

Ibrahim (derecha) y su hermano Josemi

Ibrahim (derecha) y su hermano Josemi

De tres en tres
Tres verbos: Amar, soñar, imaginar.
Tres personajes: Leonardo da Vinci, Jesucristo, Santiago Ramón y Cajal.
Tres momentos: Cuando vinimos a Barcelona, cuando me declaré a la que luego sería mi pareja durante más de treinta años, el nacimiento de mis hijos.

¿Qué cosa de Galicia te traerías a Cataluña y que cosa de Cataluña te llevarías a Galicia?

Muy simple. De Galicia me traería el pan, sin duda.

De Catalunya me llevaría a Galicia el espíritu emprendedor. En Galicia hacen falta hombres y mujeres que ayuden a quitarnos el complejo secular de emigrantes y conformistas.

¿Qué nos ofrece el Club de l’empanada? ¿Por qué tenemos que visitarlo?

La idea es que la gente que lo visite y pruebe sus productos se dé cuenta de que ofrecemos calidad, es decir, con sabor auténtico, sin disfraces industriales de colores y a precios asequibles.

Aparte de dinero, ¿qué ganas con el bar?

Autoestima. Después de una larga época de crisis (sin trabajo), en que lo ves todo negro e imposible, el Club representó para mí (no sé si para mi hermano) la idea de que a pesar de lo malo, si no desfalleces y luchas por salir adelante, eres capaz de todo, hasta de cocinar para más de treinta personas cada día, incluso yo, que fui director informático de una empresa durante más de treinta años y no había trabajado en un bar en mi vida.

Si no tuvieras el Club de l’empanada, ¿a qué te dedicarías?

Durante el paro, me dediqué a escribir biografías y cuentos para niños. Tengo bastante producción. También pinto al óleo. A veces me veía en la plaza del Pi vendiendo cuadros. No sé, pero tendría que ser algo así, algo creativo.

Ahora están de moda los restaurantes de platos cuadrados y una pequeña porción, aunque bien decorada, de comida. ¿Cómo queda un bar tradicional como el Club de l’empanada ante esta moda?

Mi hija, que trabaja con nosotros al mediodía, se queja a menudo de que pongo demasiada comida en el plato. Con eso te digo todo. Además: ¿conoces a alguien que no recuerde con deleite un plato de su madre o su abuela? Son miles de años de tradición culinaria. Los platos sobreviven por algo.

Creo que es algo esnob y una moda pasajera. Tiene su público, pero no me gusta. Para eso ya están las tapas.

La evolución es un proceso lógico en todas las facetas del ser humano y, por lo tanto, de la naturaleza. La tecnología avanza imparable en todos los sectores, incluso en la cocina. Pero así como el e-book no logra desplazar al libro de papel tradicional, las nuevas tendencias culinarias nunca harán olvidar al plato de siempre.

La causa de la crisis de bares y restaurantes (no solo de los tradicionales) hay que buscarla en la actual coyuntura económica y en la falta de visión y perspectiva de negocio de los propietarios. El bar tradicional tiene que amoldarse a los nuevos gustos. Lo que quiero recalcar es que las tapas de siempre no morirán, lo que tienes es que adornarlas: decoración del local, nuevas ofertas gastronómicas, modificación de presentación de los productos, incluso quitar la tele y máquinas tragaperras demasiado identificadas con lo antiguo.

El plato cuadrado en poco tiempo dejará de ser novedad y surgirán otras opciones. Es ahí en donde los que nos dedicamos a este negocio tenemos que trabajar, adelantarnos a los nuevos gustos de los clientes y, por lo tanto, adaptar las viejas tapas y platos a los nuevos tiempos; esa es la manera de sobrevivir.

Ana Escourido: Apostar polo uso da nosa lingua

Hace algunos años la conciencia me empezó a sugerir que tal vez sería bonito aprender el idioma que se hablaba en mi casa cuando era pequeña: el gallego. Lo intenté un par de veces en la Hermandad Gallega de Caracas, pero lamentablemente ya habían dejado de ofrecer las clases porque no suscitaban mucho interés. Finalmente, el año pasado encontré un curso en la Escuela Oficial de Idiomas de Drassanes (Barcelona) y no desaproveché la oportunidad. Allí me encontré con una profesora simpatiquísima, muy organizada y sumamente dedicada a su trabajo: Ana Escourido . ¿Lo que más me ha gustado de sus clases? El cariño que les pone.

Desde que estoy estudiando gallego y catalán soy mucho más consciente de la importancia histórica y social de las lenguas cooficiales de España. Pero realmente una de las cosas más bonitas que me ha dejado este curso es que ahora puedo hablar en gallego con mi familia (no con corrección y fluidez, como dice Carlos Callón, pero se hace el intento). Lo mejor que puedo hacer para darle las gracias a Ana es dedicarle un pedacito del blog. Por eso, sin más preámbulos, les presento a Ana Escourido.

Ana Escourido“Nacín na cidade da Coruña en 1978. Son licenciada en filoloxía galega pola Universidade de Santiago de Compostela. Traballei durante anos en diversos proxectos de investigación universitarios, como o Atlas Multimédia Prosodique de l’Espace Roman, dedicado ao estudo dialectolóxico das variantes lingüísticas da Romania. Exercín docencia na Facultade de filoloxía e tradución da Universidade de Vigo e na Facultade de filoloxía da Universitat de Barcelona. Impartín diversos cursos de lingua galega organizados pola Xunta de Galicia e traballei na escola de idiomas Paralaia da Coruña. Actualmente son profesora de galego na Escola Oficial de Idiomas de Barcelona Drassanes, onde desenvolvín un Club de Lectura en galego que ten moito éxito entre os alumnos. No tempo libre, coordino, xunto con Sabela Labraña, o Proxecto Galauda, dedicado  ao ensino do galego na Secundaria de Cataluña e ao catalán na Secundaria de Galiza. Pertenzo tamén a Furafollas Agrupación Teatral, un grupo nado en Barcelona que trata de promover e divulgar a cultura galega e catalá a través da expresión teatral. E cando poido colaboro coa Asociación Cultural Galega de Barcelona nas diferentes actividades culturais que se fan para a promoción do galego dende a emigración catalá.”

De tres en tres

Tres verbos: escoitar, comprender, comunicar

Tres personajes: Rosalía de Castro, Chihiro, Lizbeth Salander

Tres momentos: un paseo polo casco antigo de Compostela; xantar un wok na praia da Barceloneta cunha boa compaña; a primeira clase de galego na EOI Barcelona-Drassanes.

¿Por qué crees que es importante proteger las lenguas minoritarias de un país?

Con respecto ao galego, non deberiamos falar de “lingua minoritaria”: o galego segue a ser a lingua maioritaria en Galiza, aínda que se estea a dar, nas últimas décadas, unha forte ruptura na transmisión xeracional. Creo que o termo podería ser “lingua minorizada”, dada a situación na que vive.
As linguas son patrimonio cultural do lugar onde se falan. Penso que é triste ver como poden acabar morrendo porque a xente só ve conflito e non se decata da riqueza que é saber linguas.

¿Cuál es la situación del gallego con respecto a las otras lenguas cooficiales de España?

Hoxe en día a connotación que boa parte dos galegos teñen da súa propia lingua é moi negativa. A xente que fala en galego asóciase, xeralmente, cunha persoa maior de ámbito rural, con poucos recursos económicos, analfabeta, etc. Porén o castelán vén ligado á connotación de lingua importante (porque é a necesaria para a promoción social), empregada nas cidades e pola xente nova. Os meus pais, por exemplo, galegofalantes de toda a vida, empregan o castelán cando van ao médico, ao banco, a algunhas tendas… Isto provoca tamén situacións curiosas, como os amigos de meus pais (tamén galegofalantes habituais) que cando se dirixen a min (unha rapaza nova con estudos) empregan o castelán, aínda que eu lles responda unicamente en galego…

¿Qué les debo responder a los gallegos que me dicen: “Para que estudas galego? Iso non o fala ninguén”?

A xente tende a identificar a lingua unicamente como un instrumento de transmisión de información, pero as linguas son moito máis. Coas linguas accedes a unha maneira de entender a vida, de transmitir sentimentos, emocións ou mesmo facer bromas. A lingua que empregues pode facer que te integres ou non realmente no seu grupo de falantes.

Non é certo que o galego non se fale, abofé que se fala, e moito! Pero está en perigo, porque se está perdendo a súa transmisión xeracional. Pais que non falan galego aos seus fillos, roubándolles así algo que lles pertence, o coñecemento da lingua dos seus devanceiros, a memoria do que son.

¿Crees que la administración autonómica se ha centrado en tópicos folklóricos o realmente  ha trabajado en una verdadera promoción cultural?

No caso da emigración é fácil caer en tópicos folclóricos… Moitas veces se acaba reducindo a cultura galega a gaitas e aos traxes típicos. É moi importante conservar e manter a tradición do noso país, pero non debemos encapsulala como se fose un ente morto.

¿Cuál ha sido tu aporte a la defensa y promoción del gallego?

A miña principal achega é, sen dúbida, falar en galego todos os días e querer transmitirlles a miña lingua aos meus fillos. Só o seu uso constante e a súa transmisión poden garantir a súa supervivencia.

Por outro lado, creo que tamén contribúo á súa promoción cando lles ensino galego, aquí en Barcelona, a moitos fillos de emigrantes, que teñen curiosidade por aprender unha lingua que tamén consideran súa e á que lle teñen moito cariño. É un grande pracer para min cando algún alumno me di: “agora podo falar galego cos meus pais!” ou “fáloo cando vou a Galiza!”

Por último, tamén me gusta moito contribuír con actividades culturais para concienciar á xente da importancia que ten falar linguas como o galego ou o catalán. É por iso que colaboro coa ACGB ou participo en Furafollas Agrupación Teatral.

En cuanto a la protección del gallego, ¿qué esperas de las autoridades? ¿Qué esperas de los ciudadanos?

Das autoridades espero que tomen conciencia da importancia de promover o galego na Educación. A escola é un punto crucial para poder revalorizar o uso do galego nun momento en que se está a perder a súa transmisión xeracional.

Dos cidadáns galegos espero que se decaten de que se nós non valoramos o que temos, ninguén o fará… Se nós non apostamos polo uso da nosa lingua, esta desaparecerá e con ela unha parte de nós.