Mónica Puebla al ritmo del tap

De pequeña me metieron en tantas actividades extraescolares que he perdido la cuenta. Algunas no me gustaban nada, lo más desagradable fue haber pasado por la Escuela de Equitación del Ejército de Venezuela (ahí empezó mi desprecio por los militares); pero también estudié cosas muy divertidas y que me han abierto puertas, una de ellas es el tap (o claqué). Empecé con el tap cuando tenía dos años, supongo que aprendí a bailar y a caminar casi al mismo tiempo. Dejé de bailar a los 16 años, pero hace unos meses decidí retomarlo y, de hecho, este sábado empezaré a dar clases para principiantes.

Hoy les presentaré a Mónica Puebla, mi amiga y profe de coreografías. Sin más preámbulos, los dejo con la protagonista del día.

Mónica Puebla“Me llamo Mónica Puebla, nací en Madrid el 28 de septiembre de 1985. He estudiado Filosofía, aunque lo cierto es que desde pequeña quería estudiar teatro. Durante mi niñez y adolescencia estuve en varios grupos de teatro, y cuando terminé el Bachillerato me presenté a las pruebas para entra en la Real Academia Superior de Arte Dramático de Madrid. Sin embargo, éramos muchos aspirantes y me quedé fuera, así que decidí empezar Filosofía, una carrera por la que sentía mucha curiosidad, y estudié teatro a la vez en una escuela privada. Desde el primer año de carrera me apasioné por la filosofía, que le fue robando protagonismo al teatro. Sin embargo, en la escuela de teatro descubrí el claqué, gracias a un monográfico que realizamos, y me gustó tanto que busqué clases exclusivas de este baile.

Poco a poco fui dedicándole más tiempo al claqué, y compaginado mis estudios de filosofía con el baile. De manera más casual que deliberada, empecé a dar clases de claqué hace unos seis años, y poco a poco fui ampliando el número de alumnos y mi pasión por enseñar claqué. Más o menos en la misma época un compañero de la facultad, que sabía cuánto disfrutaba bailando, me llevó a una fiesta de swing y así me introduje en el mundo del Lindy Hop, que apenas empezaba a crecer en Madrid. Ahora mismo, y aunque el claqué me mueve más emocionalmente, no podría imaginarme sin bailar una de las dos disciplinas.”

De tres en tres

Tres verbos: Bailar. Razonar. Enseñar.

Tres personajes: Gregory Hines. Marcel Duchamp. Michel Foucault.

Tres momentos: El viaje a Nueva York sola en 2010. Mudanza de Madrid a Barcelona en 2011. El primer festival de claqué al que fui: el Stockholm Tap Festival 2010.

¿Cómo y porqué empezaste a bailar tap?

La primera vez que bailé tap fue en una clase de expresión corporal en la escuela de teatro. La idea de hacer música a la vez que bailaba me gustó muchísimo. A raíz de ello, mis padres me enseñaron unas cuantas películas clásicas de tap y, aunque actualmente no es el estilo con el que me identifico, en ese momento quedé absolutamente sorprendida con Fred Astaire y me enganché a sus películas y bailes.

Por todo ello, hice un intensivo de verano en una escuela de baile, y durante toda la semana no pude quitarme los ritmos de la cabeza. Así, decidí apuntarme a clases regulares y cada año fui aumentando el número de horas que le dedicaba a este gran baile.

¿Consideras que el tap te ha dado oportunidades que de otra manera no habrías tenido?

Sí, y a muchos niveles. Actualmente, la oportunidad más clara que me ha dado el tap ha sido a nivel laboral. Siempre digo que tengo la suerte de llevar muchos años bailando tap, como para poder ganarme la vida con ello. Además, es un trabajo del que disfruto muchísimo, gracias al cual conozco a mucha gente diferente y con el que aprendo muchísimas cosas.

Por otro lado, creo que si no bailara tap no habría viajado tanto. En los últimos años he realizado muchos viajes, sobre todo por Europa, para poder tomar clase con los mejores bailarines del mundo. Y aunque cuando una va a otra ciudad a participar en un workshop o festival no le da tiempo a hacer mucho turismo, me encanta conocer lugares nuevos y formas diferentes de comportamiento y de mirar el mundo. Por supuesto, esto me ha permitido conocer gente de todo el mundo, y la sensación de reencontrarte con las mismas personas, a las que consideras tus amigos, en cada festival, y poder disfrutar unos días con ellos, es de las que más me gustan de la vida.

Por último diría que el tap me ha dado la oportunidad de entender mejor la música y la percusión. Recuerdo que en la escuela de teatro teníamos la asignatura de Música y hacíamos ejercicios de percusión, en la que yo era, sin exagerar, la peor de la clase. No conseguía entender los ritmos y siempre tenía miedo de hacerlo mal y descompasar al grupo. El hecho de interiorizar los ritmos bailando, moviendo el cuerpo, me ha hecho superar todo esto, entender cómo funciona un instrumento de percusión como los zapatos de tap, e incluso producir mis propias piezas.

Si somos capaces de caminar, ¿también somos capaces de bailar?

Creo firmemente que todo el mundo puede aprender a bailar, aunque por supuesto para algunas personas requiere más paciencia y dedicación. Cuando una de clases de baile se da cuenta de que muchos movimientos son bastante naturales, bastante similares a las cosas que hacemos cada día de manera intuitiva, como caminar, cambiar de dirección, mover los brazos, etc. El problema es que al aprender una secuencia el cuerpo se tensa y lo que es fácil y natural le cuesta más y tiene que “reaprenderlo”, por decirlo así. Pero igual que cuando un niño aprende a caminar su cuerpo necesita un tiempo para asimilar cómo mover las piernas, nuestro cuerpo de adultos necesita un tiempo para interiorizar los movimientos nuevos.

¿Conoces algún dato curioso sobre el tap?

Hay muchas anécdotas en el mundo del tap, pero si tuviera que elegir algún dato curioso, contaría algo que mucha gente fuera de este mundillo no sabe, y es que las raíces del tap actual están ligadas completamente al jazz. Todo el mundo conoce a Fred Astaire y Gene Kelly y, sobre todo en España y Europa, siempre que oye hablar de tap piensa en estos dos nombres. Pero hay otra corriente de bailarines que se dedicaban a improvisar en garitos de jazz o hacer bolos con grandes de la música como Duke Ellington o Count Basie. Estamos hablando de Jimmy Slide, Sammy Davis Jr., Sandman Sims, o más recientemente Gregory Hines o Savion Glover. Creo que es muy interesante conocer este dato, y saber que en gran medida el tap que se hace ahora procede de esta corriente más desconocida, aunque también creo que sin Fred Astaire y Gene Kelly prácticamente nadie en Europa sabría qué es el tap.

¿Prefieres hacer coreografías o improvisar?

Depende del momento. Me gusta mucho improvisar cuando estoy con mis amigos y gente con la que me siento cómoda y a gusto. Prácticamente se trata de una conversación, escuchas lo que los otros hacen e intentas interactuar con ello, y se producen cosas muy interesantes tanto a nivel de pasos como a nivel emocional.

Sin embargo, cuando se trata de una actuación, me siento más cómoda interpretando coreografías, porque me siento más segura y creo que el público las entiende mejor que una improvisación. Además, hay coreografías muy buenas, a nivel de baile y de música, y la sensación cuando las interpreto me gusta mucho y me sube la adrenalina.

Aparte de los zapatos, ¿qué se necesita para bailar tap?

Ganas. Ganas de pasarlo bien y de bailar esta disciplina. Creo que todas las cosas en la vida hay que hacerla con pasión, hacerlas porque te mueve el corazoncito y no “porque sí” o “por hacer algo”. Y también se necesita algo de paciencia con uno mismo, porque es un baile individual y requiere pasar momentos sola hasta que el cuerpo y la cabeza asimilan un nuevo paso.

¿Bailamos un poquito?

¡Sí! Hagamos la “Bill Robinson Routine”.

Muchas gracias a Mónica y a David por haberme dedicado unas horas para hacer este video.

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